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Archivos Febrero 2008

BelleVieFeb08Nivea.JPG
Ya conocéis mi confesada adicción a los productos de belleza y mi infidelidad a las marcas, así que, a punto de terminarse mi crema corporal, empecé la  tarea de rastreo de una nueva. Leí un artículo de Carolina Herrera hija donde recomendaba sus 10 productos cosméticos favoritos pero quedé totalmente decepcionada. No sólo los conocía sino que los he probado todos ¿Cómo es posible? Ella, que colabora con Puig, la invitan a los premios de belleza y viaja sin parar por todo el mundo, ¿no me desvela una marca desconocida, un producto que sólo venden en una pequeña farmacia en un remoto pueblo italiano y sin venta online?

Me pasa como a los cazadores: conseguir la presa no es muchas veces el mayor placer sino el viaje hasta llegar a ella. De las marcas que menciona Carolina (Nivea, Korres, La Prairie, Kiehls, Estée Lauder, Stella Macartney, Benetint de Benefit, YSL) me han dado buenos resultados todas menos la crema de Stella y Benetint de Benefit que compré en Space NK de Londres (claramente no supe aplicar este colorete líquido porque me quedaron mejillas de pepona).

Tras la decepción inicial, me quedé pensando que todas las entrevistadas en revistas de moda siempre mencionan Nivea (cuando les preguntan por sus cosméticos) y Zara (cuando les preguntan por su ruta de shopping). ¿Será para hacerse las "normales"? Pero citan el histórico Nivea bote azul y aquí es donde su intento de pasar por una más les falla. Que levante la mano la que entra a trabajar todos los días, en una ciudad grande, a las nueve, y tiene tiempo de embadurnarse de crema Nivea bote azul y esperar tranquilamente con el albornoz a que se absorba sin peligro de que deje huella en la ropa.

Pero Carolina es una de mis "admiradas" por su belleza natural y su estilo personalísimo, así que, a pesar de mi escepticismo, me di una vuelta por la estantería de Nivea. Me animé a comprar una versión ligera y de rápida absorción del famoso bote azul. Me está gustando. Gracias por el consejo Carolina.
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CarmenMarchVestidoVerde.jpg

Conseguir una entrada para Cibeles para alguien que no está en absoluto relacionado con la moda es muy difícil pero no imposible. Si en una conversación de café oigo que una amiga de una amiga trabaja en una empresa patrocinadora de la pasarela, revista de moda o similar, no paro hasta conocerla y conseguir un preciado pase que me permita, durante un par de horas, acercarme al glamour nacional. 

El pasado miércoles estuve en el desfile de Carmen March, una diseñadora que me gusta desde su primera colección. Me encantaron los guantes larguísimos, las prendas de paño armado; me las compraría todas y el vestido verde (foto) que lució la demasiado-delgada Marina Pérez, aunque no sé cuándo me lo pondría. De su paso por las pasarelas internacionales Marina ha perdido demasiados kilos y ha adquirido estilo y brío desfilando. Con las demás modelos creo que Carmen no tuvo suerte, les faltaba presencia y experiencia.  

En la primera fila el público era variado: Elvira Lindo, Leticia Dolera (muy guapa), Nuria March (no es familiar de la diseñadora), Marta Robles, Paloma O'Shea (una elegante de verdad que nunca sale en las listas) Alberto Ruiz Gallardón (que comentaba los modelitos con su mujer), Cuca Solana, David Delfín, Miriam Ocáriz etc. Pero lo mejor eran las invitadas de la familia de banqueros March a la que pertenece la diseñadora. Muchas madres e hijas "ssstupendísimas" y con mucha clase: señoras que se levantan peinadas y se sientan con la espalda recta aunque estén en un sofá hundido.

Como dice mi amigo el diseñador Jorge Acuña, que ha tenido la suerte de ir a los desfiles de París, es una pena que Cibeles se haga en un frío recinto ferial y no en alguno de los maravillosos museos o palacios que tenemos en Madrid. Para la organización sería más complicado, pero el resultado sería mucho más sofisticado y vistoso, sobre todo si queremos atraer a la prensa extranjera. 

Mientras se animan a utilizar el patrimonio nacional, yo creo que podrían esforzarse más en "vestir" el recinto para quitarle el aire "ferial". Sólo se salvaban la puesta en escena de la sala de L'Oréal y el kissing room de Moët Chandon decorado en rosa claro con toques María Antonieta. Para conseguir una preciada botellita de Moët hay que correr porque no hay para todos los invitados a la sala. Sorprendente ¿no? Yo suelo perderme la botellita porque me parece más entretenido el kissing espontáneo que se forma después del desfile en la propia pasarela. Allí se saludan relajadamente, famosos, estilistas, directoras de revistas e invitadas. Es una oportunidad única para fichar estilismos y sentirme una de ellas.

De vuelta al cubículo, me borro la sonrisa por la experiencia vivida y a escondidas sigo los desfiles por internet.  

 

PS al equipo de hola.com: antes de septiembre tenemos que conocernos.

 

 

 

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 BelleVieTHFeb08.JPG

Para mí las rebajas empiezan cuando mis amigas están fichando las tendencias de la próxima temporada. Dejo que arrase todo el mundo durante el mes de enero. Y a principios de febrero, cuando ya quedan pocas cosas, desordenadas y manoseadas, allí voy, a las tiendas de nivel superior de Zara, a hacerme con alguna prenda al 60% o 70%. A veces dudo de si me hace más ilusión saber que tengo una blusa de Hugo Boss en mi armario o saber lo baratísima que me ha costado. En cuanto alguien me dice "qué blusa más mona", les digo el precio con sonrisa pícara. Según mi madre cualquier día voy a dejar la etiqueta colgando con el precio original tachado y el precio final.

Con los años he ido aprendiendo y he descartado las tiendas que sacan colecciones de rebajas (aunque todas lo negarán). Y he ido cogiendo soltura: a finales de enero suelo acercarme a mis "objetivos" y les pregunto a sus dependientes cuál estiman que será  el último día de rebajas. Os sorprenderá saber que responden amablemente. Es muy importante ir con una actitud abierta, no buscar nada en concreto (¿quién "necesita" realmente ropa?), revisar todas las perchas y dejarse sorprender. 

Una de las tiendas de mi ruta últimos-días-de-rebajas para ropa de trabajo es Tommy Hilfiger. Lo mejor de esta marca son sus clásicos atemporales, siempre una buena inversión. Y a veces se convierten en tendencia: por ejemplo, TH lleva varias temporadas vendiendo la blazer tipo college que este año ha encumbrado a must-have Balenciaga.


Yo suelo salir de la tienda con una sonrisa de anuncio si he conseguido varias piezas rebajadísimas.  

Y vosotros ¿qué trucos o secretos tenéis para comprar en rebajas? 

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