"EL CABALLERO Y LA CONFUSION EN EL ALMA" (47)



Y una vez todo dispuesto, mensajero y caballero iniciaron la ruta hacia la cueva de la Dama Blanca, con aquellas mil flores blancas, bien protegidas y preservadas y tiradas por dos percherones negros que guiaba el mensajero subido en la carreta. Al frente el caballero montando sobre Sayid y adelantado Rasputín abriendo camino. Y una semana tardaron, que la senda, en esta época, libre de nieve, más ligera se hacía.

Y alcanzaron la posada "La Esperanza", donde el posadero y su hija salieron a recibirles.

- Señor, no esperábamos su vuelta después del mensaje que dimos a este hombre.

- Flores traigo en memoria de mi amor -dijo el caballero-.

- Pero, Señor, nada es seguro, que solo la suposición se empleó en el criterio. Que una manada de lobos vi descender de la caverna y desde entonces no se la ha vuelto a ver. Por ello, pensé, que había sido devorada.

- Todo eso lo comprobaré en persona. Abastecernos de víveres, que continuamos el camino.

- Con la carreta deberéis de dar más rodeo, por la vertiente Sur y eso será un día más.

- Pues, apresuraros, que no hay tiempo que perder.

Y continuando, llegaron y el caballero mandó al mensajero bajar las flores, aún frescas y volverse por donde habían venido, que en esto quería estar solo. Y así dispuso él las mil flores fuera y dentro de la cueva, pero, cuando entró en la bóveda, su corazón asombrado palpitó alocadamente al comprobar que la hoguera se encontraba encendida. La buscó enloquecido y no hallola y esperóla hasta tres días, en los cuales, la hoguera continuaba ardiendo como el primero.

- Amor de mi vida, mi niña, ¡cuánto has de perdonarme, que por mi alocado temperamento os he hecho tanto sufrir -hablaba solo en voz alta-.

Y al quinto día, un rubor invadió toda la cueva y el caballero se sobresalto poniéndose en pie. Y de la misma hoguera fue apareciendo una figura conocida, la Rosa Negra, que entre los rojos tizones se fue formando.

- ¡Oh, caballero afligido! ¿No me esperabais a mi, verdad? Lamento que vuestras expectativas se vayan al traste.

- ¡Juro que esta vez os mataré! ¿Qué hacéis aquí?

- ¿Aquí? ¿Si os dijera que esta es mi casa, me creeríais?

- ¡Maldita diabla! ¿Qué habéis hecho con la Dama Blanca?

- ¡Bonitas flores! Aunque su blancura me espanta.

Y tomando una entre sus manos observó el caballero una doble transformación: la de la flor blanca en negra y la de la Rosa Negra en la Dama Blanca. Y el caballero se sobrecogió de dolor.

- ¡Con argucias me habéis engañado! ¿Qué queréis de mi?

- Con argucias, mi blando caballero; con argucias, bebedizos y elixires de amor. Pero, no contaba que debajo de tanto brebaje creciera un amor verdadero desde vuestra alma y eso me asustó.

- ¿Qué queréis, os he preguntado?

- Ya os lo dije. Vuestra alma, pero no en entrega amorosa, sino en un acto voluntario. El alma negra que tenéis como cualquier mortal.

- ¿Y los besos y las caricias y el destello de un amor que nos sobrecogía?

- ¡Callad insensato! -y la Dama Blanca cayó de rodillas-. Habéis conseguido que os ame mortalmente, más no puedo daros lo que me pedís, pues mi mundo a mi sola me pertenece y vos no podéis formar parte de este infierno que yo sola he creado.

- Y por eso volvisteis como Rosa Negra, para emponzoñar mi alma. ¿Y el amor?

- ¡Callad, callad!

- ¿Me amáis todavía?

- Debéis partir, pues este amor solo os causa dolor y sufrimiento. Iros en paz, pues vuestra pesadumbre es la mía. Iros, que aún el Diablo me reclama.

- Si me decís que me amáis, no habrá diablo que se me resista. ¡Responded a la pregunta!

- Solo queréis respuestas y no veis con vuestros propios ojos lo que tenéis delante.

- Lo que tengo delante es un continuo equivoco, un no, no sucesivo, un freno inestable. ¿Qué mente humana es capaz de soportar tamaño desbarajuste? ¡Respondedme! ¿Me amáis?

- ¡No os besaré ya nunca!

Y desapareciendo, alejándose la voz en la dolorosa lejanía, el caballero se quedo en la duda, con el propósito de olvidar por siempre a la Dama Blanca de sus sueños y amores, y a la Rosa Negra de sus pesadillas. Y las flores, las mil que llevó por caminos y desfiladeros, ardieron de improviso y se consumieron. Y el caballero partió en busca de paz y sosiego, allí donde le esperaba el olvido.
| | Comentarios (2) | TrackBacks (0)
  • Compartir:
  • Añadir a del.icio.us
  • Añadir a marcadores de google
  • Añadir a menéame
  • Añadir a YahooMyWeb
  • Añadir a fresqui
  • buscar en Technorati


¿Qué es esto?

0 TrackBacks

Abajo están listados los blogs que hacen referencia a esta entrada: "EL CABALLERO Y LA CONFUSION EN EL ALMA" (47).

URL de TrackBack de esta entrada: http://blogs.hola.com/blogs/mt-tb.cgi/3672

2 comentarios

Creo q será una confusión encontrar un libro vacio...

Hola, Nela. ¿? No te entiendo. Si me explicaras más te daría una respuesta adecuada. Gracias y un beso.

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.

Publicidad

Publicidad