Un mes pasaron ambos, la Dama y el caballero, en la ingravidez absoluta que proporciona el amor. Conociéndose, intimando, observando como el amor se abría paso entre las tinieblas del pasado, del presente y dando lugar a una luz cegadora, donde ambos nadaban envueltos en una pureza sin igual. Hasta que cierto día ella tuvo que partir, explicándole los motivos y los días que iba a estar solo.
- Dejadme ir con vos -le pidió el caballero-.
- Recordad lo pactado. Tened paciencia que en el futuro habrá momento para ello. Ahora tengo que irme. Estad tranquilo. Se que os echare de menos y que mi corazón esta a buen recaudo. No os preocupéis por mi y no me olvidéis.
Y entre besos y abrazos se despidieron ambos, con el pesar que dan estas situaciones. Y aunque el caballero entendía de soledades, esta era distinta y le pisó con aplomo, que no hay peor soledad que la del amor que no quiere estar solo. Y cuando se disponía a dar de comer a su caballo, oyó una voz conocida, que le hizo apretar los dientes. Era Rosa Negra.
- ¿Os creéis muy listo, caballero? ¿Creíais acaso que me habíais perdido de vista? Sois ingenuo, imbécil, como todos los hombres. ¿Os ha dejado solo? Y vos os creéis sus patrañas a pies juntillas.
- ¡Maldita bruja! Muerta os creía y aparecéis en estas montañas. ¿No tenéis frío tan alejada del Infierno, entre estas nieves?
Y rió Rosa Negra retumbando la carcajada en el eco de las cimas nevadas.
- ¡Sois idiota, ciertamente! No solo os fiáis de ella si no que además la esperareis pacientemente. Sigo ardiendo de deseos por vos. Ámame y te enseñaré la verdad de las palabras de la Dama Blanca.
- ¡Aléjate de mi si no queréis probar el filo de mi espada!
- Me hacéis temblar, dulce caballero. ¿Qué os ha dicho? ¿Qué iba a casa de su abuelita? El amor os ciega y os produce un estado de imbecilidad que tiende al infinito. Solo os engaña con artimañas y vos creéis sus palabras. ¡Ingenuo!
Y el caballero desenvainando la Infalible, habló así a Rosa Negra:
- ¡Venís a importunarme con vuestras míseras ideas, a minar mi alma, más no lo conseguiréis! ¡Y si no calláis probareis mi espada, os lo aseguro!
- Tenéis miedo. Miedo a la verdad. En el fondo de vuestro corazón sabéis del engaño y no lo queréis aceptar. Es solo una cuestión de principios, hombre ingenuo y mortal. En el próximo encuentro os traeré una bacinilla con agujeros, para que metáis por ellos los cuernos y quedéis protegido del sol -y carcajeó como una posesa, arrojando en ella toda su ira-. ¿No veis que ella misma os lo dice con sus palabras? Tened paciencia -imitando a la Dama con burla-. El amor es efímero, caballero, como la vida. Eso es lo que espera ella, que pase todo compromiso.
- ¡Juro que os mataré si no calláis! -y lanzó un tajo de advertencia, que la bruja esquivó desapareciendo y apareciendo a su espalda abrazándole, mientras le tomaba de los más suyo-.
- ¡Dádmelo y la olvidareis!
Y deslizándose como una culebra comenzó a darle placer sacándole su miembro y tragándolo.
- ¡Maldita perra! ¡Muere! -y elevando su espada con ambas manos y apuntando a su cabeza, la clavó en tierra, pues, ella ya se había volatilizado. Y una nueva carcajada reverberó en el cielo.
- ¡Cornudo animal! ¡No penséis que me olvidaré de vos! ¡Volveré! -concluyó ella y volvió a oírse el rumor del aire-.
Y el caballero cayó de rodillas, apoyándose en la espada, mientras se deshacía en lágrimas. Las palabras de Rosa Negra habían caído como añil en su alma transparente, tiñéndola a cada instante que pasaba, envenenándole de la sinrazón de los celos. Y así pasó la noche, a la intemperie, con su pene fuera, sin sentir frío, sin sentir hambre..., mientras el veneno arraigaba cada vez más en su corazón.
(Continuará)







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Escribir un comentario