Y ya ahítos de llanto, se miraron a los ojos y rompieron a reír estruendosamente, que si bien el llanto tiene su parte, es la risa el polo opuesto y el que se encuentra a las puertas de todo pensamiento, aunque no sabían a ciencia cierta el motivo de ella. Pero, el animo se les elevó a la que el sol iba bajando en el horizonte de aquella playa que empezaba a ser mágica. Y silbando llamó a Sayid y a Rasputín que se encontraban jugando con las olas. Y estos acudieron, el can con un palo en la boca y el caballo queriéndoselo quitar en ingenuas intentonas. Y ofrecióselo a la muchacha, que encantada lo tomo y de un grácil salto se puso de pie para poder jugar con el perro.
- ¿Sabéis que creo, caballero? -le preguntó a este mientras lanzaba el palo-. Creo que ella os ama, pero tiene miedo de que le hagáis más daño. Habéis sido torpe y sin embargo y con todo, os ama.
- No se que pensar. De ahí vienen mis dudas. Si tan solo me lo dijera una vez me conformaría.
- No olvidéis el miedo.
- No se.
- Escribirla, que sepa de vos. Seguro que baja a la venta La Esperanza todos los días por si llegan noticias vuestras.
- No se.
- No os hagáis el estupido. Os morís de ganas. Escribidla un poema. Eso llega al corazón más duro.
- No se.
- ¡No se, no se, no se! Parecéis un arado rayado en el mismo surco. ¡Escribidla!
Y el caballero tomando sus alforjas tomó las cuartillas y la pluma y escribió:
Candidez, amor, delirio afable,
que sonroja tu cara y mi alma.
Suavidad sin igual, calida almohada,
en la que descanso penas y alegrías.
Olor profundo, el del alma,
el de la misma vida,
que fluye por tu piel, tela encarnada,
que viste tu hermosura.
Que todo se ha de amar
en infinita entrega,
por un solo beso y una caricia.
Rubor sereno, timidez encumbrada.
Amor que vuela con alas de agradecida locura.
Gritaría tu nombre a las estrellas,
apretando los puños para ganar fuerza.
Y que tu nombre llenase el firmamento visto
y más allá, por si hubiera alguien que lo escuchara.
Amor quiero darte, un beso a cada paso,
que en tu mirada veo lo bello de la mía,
y no quiero pararme hasta ser esencia pura.
Amor, amando voy todo lo tuyo,
que he de morir amando si es preciso,
por no perder esta sorpresa que la vida
ha tenido a bien en regalarme.
No se que decirte para olvidar el pasado.
No se que decirte para que no nos afecte.
Es todo tan duro y enllagado
en esta prisión austera del presente,
que aúllo embravecido,
lobo estepario, que encontró su loba
y esta baja el sinuoso rabo
y le muestra los belfos de la muerte.
Vidrios rotos en el suelo de la vida,
cortes profundos en pies y en manos,
sangre que zumba en manantial sereno,
yéndose la vida a cada paso.
Solo tus palabras me sirven de consuelo,
y a ellas me entrego en plenitud soñada,
que son el lametón de la loba en celo,
que busca incansable el macho, acurrucada.
Curadas las heridas, ya todo esta olvidado.
Y correr sueña el lobo solitario por prados y praderas
junto a la loba que tanto le regala.
Mordisqueándose los cuellos, jugando entusiasmados,
oliéndose las almas, hambrientos de serena mansedumbre,
refrescando los sueños que soñaron.
La candidez te abriga y te sonroja,
con un soplo de mi boca trasgresora,
que nada pide, solo darte todo,
y ser por siempre tu amado que te ama.
Y concluido el poema, la joven Anjana, que este era su nombre, le preguntó:
- ¿Me dejáis leerlo?
- ¿Debo?
- Mi mirada será limpia, caballero.
Y el caballero tendióle las cuartillas y Anjana leyó. Y tras leer se quedo en muda contemplación mirando al caballero, para, más tarde decirle:
- Son hermosos, no me cabe duda, y sinceros. Envidio a la Dama, por haber encontrado a un hombre como vos, aunque os hayáis comportado como un estupido. Acerquémonos al pueblo. Allí pasareis la noche en mi casa y al amanecer nos iremos a buscar algún mensajero.
Y devolviéndole las cuartillas, montaron ambos sobre Sayid y al galope entre risas y los ladridos de Rasputín, recorrieron lo ancho de la playa que iba menguando con la marea.







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