Duro es el caminar para quien no quiere partir. Y más si es amor lo que deja a su espalda. Tiempo le pedía la Dama y él le dio toda su vida, que más no podía ser. Y así cargado de lastima emprendió camino hacía el mar donde enjuagar sus lágrimas y fundirse con él en agua y sal. Y solo un brillo le mantenía vivo, el de la esperanza, que es lo último que se pierde, creyente en las fuerzas vivas de la Naturaleza, que ese amor que sentía no era otra cosa que una de ellas, contagiosa, sanadora, embellecedora, amable amiga que todo lo da en abrazo eterno. El consuelo del pobre diablo que ama y solo desea ser amado.
Y así anduvo hasta que en el horizonte vio como este se componía de dos azules, el del cielo y el del mar Cantábrico, que refulgía en crestas brillantes por la acción de la luz del sol. Y aceleró el paso, pues, no solo quería verlo de cerca, sino también oírlo, que sentía una llamada para la tranquilidad y el sosiego. Y llegado a la playa encontró en ella a una mujer hermosa, joven, que parecía bañara en aquellas aguas sus penas, pues, se encontraba llorando al borde de las olas.
- ¡Estamos buenos Sayid, que parece que de penas nos alimentamos todos y queriendo huir de ellas me las encuentro a cada paso! -dijo el caballero al jaco-.
Y bajándose del caballo se dirigió a la muchacha.
- Fría a de estar el agua, que no es época de baños. ¿O pretendéis ahogaros en ella? -le entró el caballero pensando que la joven tenía la intención de olvidarlo todo-.
- ¡Ay, caballero, que este mar lo he llenado con mis lagrimas! No llegáis en buen momento que sufro mal de amores. Que las fantasías de mi corazón me han hecho ver lo que no existía.
- ¿Fantasías de amor? Esas, joven, las tenemos todos y todos las sufrimos. Son sueños que queman.
- ¡Ceguera, caballero, ceguera!
Y juntando tablas y maderos, el hidalgo preparó una hoguera donde invitó a la joven para comer un bocado.
- Perdonadme, pero mi estomago esta encogido por el dolor.
- Haced un esfuerzo. También lo esta el mío y ya veis que voy a comer. Mi mal de amores no es mejor que el vuestro ni peor, que el corazón no entiende de esas semblanzas. Dudas se ciernen y lejanía.
- De dudas se mucho -contestó la muchacha-, y de engaños. ¿Queréis que os cuente?
- Tal vez, ambos lo necesitemos.
Y así pasaron el día contándose sus cuitas y sin probar bocado, que las penas y los dolores son de gruesa materia cuando se expulsan por la boca y no dejan sitio para otros menesteres. Y concluyó la muchacha.
- Soy estudiante y os hablare ya de la duda.
- Bien estará escucharos.
- La duda mueve. Es motor que mueve hombres, mundos incluso. Hay dudas que matan. Esa que te pregunta: ¿Lo sabrá? ¿Y no estará haciendo todo esto para jugármela en el caso de que lo sepa? ¿Será vengativo? ¿Cuánto? Y claro, deja inmóviles de acción a quien las tiene. Uno no sabe ni que pensar. ¿Estará enredando? El tiempo lo dirá, porque este siempre da sorpresas y pone a cada uno en su sitio. La duda mata. Es el arma homicida, el modus operandi, el cadáver cierto, el entierro entre flores.
Y hay mentiras que hay que ocultar de por vida una vez lanzadas. Porque hieren como puñales. A quien esta acostumbrado a mentir esto no le supone un triunfo. Es sencillo. Aunque se lo ves en los ojos cuando les preguntas y no quieres hacer caso, porque es mejor vivir en la ignorancia. ¡Divina ignorancia! O mejor dicho, hay que ser muy hábil para mentirse así mismo. y no querer ver las evidencias. Y la mentira mata. Es arma homicida, modus operandi, el cadáver y el mismo entierro.
Y hay soles que abrasan. Por muchos afeites que te des en la piel te acabas quemando. Soles que calientan como infiernos y son infiernos. Llenos de diablos que saltan con tridentes llenos de dudas y mentiras. Y te los clavan aquí y allí. Diablos cojuelos, diablos como soles que brillan en los firmamentos. Soles que donde ponen su mirada no crece más la yerba. Soles doloridos, a veces, ignorantes, que no saben lo mucho que abrasan y van por el mundo sin miramiento alguno. Y otros conscientes buscan venganza. Su amargura mata, es el arma homicida, el modus operandi, el fiambre y el entierro.
- ¡Niña -le dijo el caballero-, que profundo penar!
- Un día tuve un sueño, caballero andante, y tarde me di cuenta que lo soñado fue un retazo de la realidad tomado del aire. Él estaba con otra. Eso soñé y fue cierto. Habrá que olvidar -dijo la joven bajando la mirada-.
Y concluido el discurso, el caballero lloró desconsolado y ella le abrazó y acompañó en el llanto.







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Me estoy poniendo al día, que me estaba perdiendo alguna aventura.
Besos
Gracias, Nela. Todo tuyo. Besos.